OximoronFantasmatico

LÁGRIMAS DE UN IRASCIBLE

Psic. Cl. Frank Armijos Vélez

Es fácil creer que los hombres debemos ser el sexo fuerte, debemos ser el pilar del hogar, debemos ser aquellos que muestran fortaleza física, mental y espiritual; pero ¿qué ocurre cuando todo esto es una fachada?

Es simple: cuando una mujer pega, hiere, insulta, lastima, llora, es controladora, es celosa, es considerado como NORMAL, ¿por qué? Por una supuesta posición femenina que las cubre y unas leyes que las amparan y “protegen” de nosotros los hombres malos, los irascibles, los iracundos, los trogloditas, los imbéciles, idiotas, estúpidos, inservibles, proveedores, padres ausentes, malos padres, mujeriegos, patanes, entre otras palabras que usan como calificativos cada vez que algo no les parece, cada vez que pueden y no solamente para defenderse, sino cada vez que quieren hacerlo.

Cuando una mujer hace todo esto a un hombre, ahí no hay leyes que amparen, ni jueces que dictaminen de forma equitativa una sentencia ni a favor ni en contra de una de las dos partes; ahí solo hay sentencias lapidarias de los medios amarillistas, de los familiares que solo hablan para “tratar de mediar”, para tratar de unir, o a veces de separar; ahí solamente hay leyes que hablan de “Violencia de Género” cuando resulta ser una máscara para dar rienda suelta a la histeria, para dar rienda suelta al sensacionalismo que provoca que mujeres aparezcan en televisión mostrándose víctimas de una presunta o real violencia ejercida hacia ellas, en su mayoría física, en donde cubren su rostro mediante un ambiente de sombras o un efecto de cámara, que induce a los afectos más sombríos de la presunta víctima de un hombre maltratador; sin embargo, la cámara no ahonda en los detalles inasibles de la historia de cada uno, de la historia de esa presunta víctima que en algún determinado momento fue (o sigue siendo) victimaria, es decir, agresora y agredida a la vez; dicha cámara no muestra las heridas impalpables de unas palabras que marcan el cuerpo como el fuego letal del hierro sometido a altas temperaturas, unas palabras que marcan la carne, marcan el cuerpo, marcan al sujeto, lo dejan como un objeto de supuesta propiedad o intercambio.

“No me pegues porque soy mujer”, “Ni una menos”, “Todas somos (inserte aquí el nombre de la víctima del momento)”. Todas son palabras que movilizan una psicología de masas más fuerte que cualquier fe, más poderosa que cualquier gobierno; todas son palabras que al ser usada en reiteradas ocasiones terminan siendo slogans. Es decir, terminan siendo reducidas a una simple frase que sirve para propagación o para hacerse viral en medios televisivos, radiales y sobretodo redes sociales.

Pero alguien se pregunta, ¿Qué hay del presunto agresor? ¿Qué lo llevó a hacer determinado acto?; muchos responderán “NADA JUSTIFICA LA VIOLENCIA”, yo respondo: “NO SE TRATA DE JUSTIFICAR, SE TRATA DE CUESTIONAR”. Cuestionar la presunta posición que utiliza el agresor sin considerar los cimientos que se impusieron en años tempranos de la vida del sujeto.

Alguien se ha preguntado ¿Por qué hablar de violencia en términos de hombre o mujer? ¿La violencia es cuestión de género o es cuestión de la raza humana?

¿Un irascible puede llorar? ¿Qué hay detrás de esas lágrimas? ¿Son las mal llamadas “lágrimas de cocodrilo” o es la sociedad que con sus mentiras tildadas de verdades hipócritas y moralistas las que reducen el dolor de un hombre a una burla imparable?

¿Qué hay encierran las lágrimas de un irascible?

Tal vez sea momento de reflexionar sobre esto… tal vez sea la oportunidad de que esas lágrimas, hablen. 

Lágrimas de niño, Ira de adulto

Comentarios

Es necesario producir explicaciones y medios que nos permita intervenirla, para formar en la integridad desde edades tempranas; apuntando a una verdadera prevención más allá de la foto y la novelería que muere en las telarañas del protocolo, la frialdad de la estadística y el poco criterio del burócrata.

Las supuestas feministas de hoy promueven la superioridad y el odio al hombre, dejando los libros del verdadero feminismo (equidad de derechos) en la estantería y ganándose un pasaje al país de la ridiculez. ¿Por qué sería más grave violentar a una mujer que a un varón? De lo que se trata es de re-pensar la violencia estableciendo propuestas orientadas por los derechos humanos y la equidad.

Se llegó a esto por responsabilidad de los mismos varones, pensaría. Desde este edredón judicial se ha logrado, si bien la seguridad y amparo que necesitaban con urgencia, el efecto colateral de la agresión que hoy vemos de mujeres a varones.

Hay una responsabilidad compartida, sostener la dinámica de relación de pareja. Esto no sólo recae en una de las dos personas, porque si no ¿De qué pareja hablamos? Si bien es cierto, se ha caído en una normalización de la violencia, del varón contra la mujer, poco o nada es lo que se habla de la violencia mujer-varón. Hoy vemos la sobreprotección legal a la mujer, que no es sino otra forma de patriarcado disfrazada de justicia y bondad.

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